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ESPECIAL - CONSTITUCIÓN

CAPITALISMO, ESTADO Y MEDIOS DE DESINFORMACIÓN

Como apuntábamos antes; la convivencia entre capitalismo y democracia representativa conlleva una despolitización social, que unida a la tesis cada vez más común de “la política para l@s polític@s” , consecuencia esta de tantos años de corrupción y promesas incumplidas, han agravado el distanciamiento ciudadano-polític@-, en cierto modo es una reacción ciudadana lógica; producto del cansancio, la desconfianza y el desinterés que acaban causando l@s polític@s, pero es a su vez una trampa de dicha clase política dominante para separar al conjunto de l@s ciudadan@s de los asuntos políticos que nos conciernen a tod@s como miembr@s de una misma comunidad colectiva, l@s políticos han desquiciado al pueblo en lo político, ahora tienen más impunidad que antes y se frotan las manos mientras los índices de participación y movilización ciudadana –no sólo electoral- descienden. Pero el verdadero elemento de socialización del sistema lo conforman el grupo de los medios de comunicación: Los cuales para mayor descaro son propiedad de los principales grupos económicos, a través de estos de desarrollan las campañas propagandísticas ininterrumpibles y que persiguen en todo momento la alineación social, mediante la legitimización continua vía directa e indirecta del estado de las cosas, negando la existencia de alternativas al modelo dominante y en caso de no poder esconderlas por las relevancias que estas puedan significar se procede a su descalificación sistemática; Cuba, Venezuela, movimiento antiglobalización, republicanismo, Euzkadi, etc.. Para el desarrollo de esta sutil labor no se escatiman esfuerzos en descaradas escenas manipulativas, desinformativas, tergiversadoras y criminalizadoras. Nos hemos parado en este punto porque los llamados medios de comunicación son la principal herramienta represiva y propagadora de la uniformización social y del pensamiento único que pervierte las conciencias colectivas, creando realidades subjetivas, estamos alcanzando unos límites de manipulación colectiva jamás conocidos en la historia de la humanidad.

“una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en una verdad” . Los medios marcan las pautas y los modelos adecuados de comportamiento, los valores que han de primar en una sociedad y dictan lo que está bien y lo que está mal, según convenga a los intereses estatales y en última instancia a los intereses de los propietarios de los mass media, que son a su vez l@s poseedores/as o copropietari@s de los grandes excedentes producto de la acumulación de capital en manos privadas. La Constitución, como ley de leyes del aparato institucional del capital, es una institución de clase; y con todo lo que conlleva –corona, autonomías, policías...- es pieza clave dentro del espectro capitalista y por tanto mediático; es el marco que permite el desarrollo del mercado cómodamente sin la intromisión de los sectores desfavorecidos por el mismo.

El capitalismo necesita de una cierta estabilidad, para ello se ha ajustado en mayor o menor medida a los marcos institucionales de los conocidos como estados-nación modernos, dichas composiciones estatales en su mayoría se ajustan a modelos de uniformidad nacional, pero la estatalización de los territorios no se efectuó siguiendo criterios de racionalidad, justicia, cultura o identidad, sino que se normalizó una correlación nacional precapitalista consecuencia de intereses imperialistas y económicos. De ese injusto reparto del territorio nacen la inmensa mayoría de los conflictos nacionales. El nacionalismo de los pueblos es la expresión política de unos sentimientos de desacuerdo con la situación político-nacional de un determinado territorio. Esta situación “contra-natura” suele aparecer acompañada de la violación y falta de soberanía de un pueblo, y de la intromisión de otra entidad nacional dominante en el mismo estado en los asuntos que deberían concernir exclusivamente a una comunidad nacional. El menosprecio, cuando no negación de los aspectos identitarios, culturales y específicos de las naciones periféricas es norma común. El nacionalismo centrífugo rebaja a la categoría regional a las nacionalidades no dominantes.

En la cuestión constitucional influyen los valores y los niveles de tolerancia y de progresismo que cada una de las diferentes pociones tenga. Así, entendemos que las ideas son las que deben de dar paso a la constitución de leyes y de normas, pero nunca al revés. Nunca dichas leyes y normas deben servir de excusa a l@s que son insensibles a la voluntad mayoritaria de un determinado territorio, las constituciones y las leyes deben ser instrumentos para el entendimiento y para el progreso de las sociedades, en ningún caso pueden ser interpretadas como “maravillas incuestionables, insuperables e intocables”. De hecho esta constitución rígida, que cumple ya 25 años es de las más largas que ha tenido la historia moderna del actual estado, los tiempos corren rápido y la caducada constitución necesita en cualquier caso de una readaptación que se ajuste a la demanda histórica de nacionalidades que chocan con el techo autonómico . El PP está instrumentalizando la constitución a su servicio, se está adueñando de ella, haciendo un uso partidista de la misma y a todo el que discrepa o la cuestiona simplemente lo descalifica. Decíamos que es una cuestión de valores y actitudes porque aunque ell@s no compartan la necesidad de reformar la constitución y los estatutos de autonomía, no se puede cerrar a piedra y canto toda posibilidad de negociación, cuando la mayoría de la sociedad y de los partidos políticos de una nacionalidad consideran necesaria la reforma, si realmente se es tan demócrata como se hartan de presumir, hay que tener un mínimo de respeto y de consideración hacia tanta gente que está desagusto con su situación autonómica y entender que muchos puntos de los proyectos de reforma pueden ser positivos para la sociedad. En cambio polarizar unas posiciones inflexibles y atrincherarse en absurdos patriotismos constitucionales, es dejar el camino libre a la confrontación nacional. Son ell@s l@s que excluyen a grandes sectores de la población con la negación a sentarse sobre la mesa, por no decir ya, cuando se deja sin representación electoral o sin medios de comunicación propios a 200.000 ciudadan@s -por ahora- ciudadan@s del estado español, por lo que se incumple el principio constitucional de “todos los españoles tienen los mismos derechos y deberes”, y es que su constitución la interpreta el PP como le viene en gana, incluso hemos asistido tod@s en los últimos años a una suspicaz manipulación por parte del poder ejecutivo del Gobierno central sobre el poder judicial español. Nosotr@s l@s jóvenes hemos nacido y crecido en otra escena diferente a la de la transición, y no se nos ha consultado si estamos de acuerdo con esta constitución o si queremos ser españoles. De hecho 1.137.027 Canari@s, es decir el 67% de la población Canaria no se encontraba en edad de votar la Constitución, este es sin lugar a dudas un factor que hace perder legitimidad democrática a l@s que niegan reformas y diálogo y que presumen del consenso constitucional.

 

 
 
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